La presidenta no asistirá al funeral del papa Francisco. No por fe, ni por ley, sino por estrategia. Diplomacia mal entendida, laicismo sobreactuado y poder sin brújula.
Una ley contra la propaganda extranjera: reactiva, simbólica y funcional… pero solo para el discurso. Porque cuando se legisla con prisa, rara vez se protege la soberanía; casi siempre se maquilla.